La opción por los pobres
Ayer, gracias a Escriba, leí este post.Y pienso en la escuela pública, tal vez la institución que más amo de este país. Y pienso en la pobreza. Y en el delito.
Y pienso en las villas, de mi ciudad, Neuquén, en donde vive gente que es neuquina con otra que ha llegado de lugares como Mendoza, Entre Ríos, o Chile (sí, de Chile, porque muchas familias chilenas siguen yéndose a vivir en Neuquén, a pesar del milagro, principalmente porque ellos, en Chile, no tienen escuela pública.) En esas tomas donde la gente vive en casillas de cartón a pesar de que en invierno hacen ocho grados bajo cero y donde atiende mi mamá. Mi en general optimista mamá que me decía el otro día “le pregunto a los chicos “¿cuántos años tenés?” para la historia clínica y me dicen “no sé”. Les pregunto “¿y cuándo te festejan el cumpleaños?” y me contestan “¿qué es un cumpleaños?” “¿Te imaginás la vida de un chico al que nunca le festejan un cumpleaños? ¿Te imaginás el futuro de un chico al que nunca le festejaron un cumpleaños?”
Y pienso en las dos nenas y un nene con los que me puse a charlar en el colectivo 6 ayer, de ocho, siete y cinco años, que venían a la escuela en Capital desde Valentín Alsina, tomándose, solitos, dos colectivos de ida y dos de vuelta por día. “Somos siete hermanos” - me dijeron - “pero tres están en Paraguay.”
Y me pregunto cómo puede ser que a la gran, inmensa mayoría de la gente estos chicos no les importen un carajo. Y me pregunto cómo puede ser posible comprender la política como otra cosa que un medio para solucionar la vida de estos chicos de la manera más rápida posible.
Cómo puede ser que el tema de la pobreza no esté en el discurso público de nadie (ni de este gobierno, ni muchísimo menos de la oposición cívica y republicana), en un país con la mitad de la población pobre.
Cuando yo trabajaba en temas de género, me enseñaron que la mejor manera de tener políticas públicas con perspectivas de género era trabajar transversalmente, o sea, mirando toda política pública, de salud, de educación, de trenes, de rutas, y analizándola según la pregunta “¿mejora o empeora esta política la situación de las mujeres?”
Bueno. Yo quiero ahora mismo una transversalidad social en las políticas públicas. O sea, quiero una agencia que agarre toda política pública del estado argentino, todo proyecto de ley del congreso, todo gasto del presupuesto, y se pregunte: ¿mejora esta política la situación de los más pobres? Y que diga, si no la mejora, no sirve. Y entonces la cambie.
Yo no quiero un ministerio de desarrollo social entregando un subsidio de 150 pesos o una máquina de coser o dando un microcrédito para un criadero de conejos. Quiero un ministerio de desarrollo social que obligue a universalizar la opción por los pobres en todas las políticas del estado.
Esta, y no la república, es la deuda de este gobierno.



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